Mensaje por Xalcer » 04 Dic 2013, 23:20
Rol: Todos
Seldrim se sorprendió al ver lo bien equipados que iban los demás. Parecía que todos estaban preparados para aquella empresa desde hacía tiempo. Sin embargo, él jamás se habría esperado algo así. Si hace unas horas le hubieran dicho que iba a emprenderse en un viaje para salvar el mundo se habría reído como nunca lo había hecho, y a pesar de ello, allí estaba, en medio de un lugar completamente desconocido, con un grupo bastante variopinto, en busca de una ciudad pedida. Cuanto más pensaba en ello, más gracia le hacía. Mientras los terminaban de prepararse, el joven dragón se acercó al linde del claro.
El bosque estaba completamente sumido en las tinieblas. La poca luz que conseguía atravesar el entramado de ramas a duras penas alcanzaba el suelo cubierto de hojas y maleza. Iba a ser difícil moverse por aquel lugar y sobrevolarlo tampoco era posible. Tendrían que atravesarlo sí o sí.
Para ello necesitarían algo que les alumbrara, por lo que recogió unas cuantas hojas y ramas secas y se las ató a la punta de la cola con una de las cientas de lianas que colgaban de los árboles. Hecho esto, con una pequeña llamarada les prendió fuego. Las hojas empezaron a arder con un deslumbrante fuego blanco azulado. Este era un viejo truco que había aprendido de pequeño en una de sus escapas en busca de tesoros. Así tenía ambas manos desocupadas en caso de necesitarlas y con un simple movimiento de la cola podía hacer arder a sus contrincantes en un segundo. Siempre le había sido útil y esta vez no iba a ser menos.
Ante aquel destello de luz, unos cuantos animales que se ocultaban en las sombras se asustaron y huyeron a las profundidades del bosque. Al menos ahora sabían que no estaban solos. Gracias a la luz que producía el fuego, el joven dragón pudo ver un poco más lejos. La nueva extensión ahora visible era exactamente igual a la otra, salvo por un pequeño tramo de suelo en el cual las hojas estaban más aplastadas de lo normal. Seldrim se acercó a inspeccionarlo. Al acercarse pudo ver que las ramas estaban pisoteadas, y no solo esas, sino que también el rastro de hojas se extendía en ambas dirección, como si se tratase de un sendero.
- ¡Chicos, creo que he encontrado algo!

