Cuando salió afuera ya había oscurecido y una luna llena reinaba en un cielo plagado por completo de estrellas. Pudo percibir como una ligera y fresca brisa arrastraba el suave aroma de los manzanos hasta el porche, acariciando al pasar, casi provocándole un escalofrío, su lomo y sus alas. Otrora, en noches así, había disfrutado especialmente de salir a volar y recorrer el cielo de Ponyville, contemplando desde las alturas la recortada figura de las casas y la luz de las ventanas resaltando entre las sombras. Pero no en aquellas circunstancias.
-Entonces, ¿vas a estar bien, manzanita?-le preguntó Applejack, que había salido detrás de él, con tono de preocupación.
-Sí, no es nada-se limitó a responder, sin mirarla, Cat. Creía que se sentiría mejor tras haberse desahogado, pero no era así-…Me voy a casa-añadió, a modo de despedida, antes de empezar a alejarse de la pony rubia sin esperar siquiera una respuesta.
Cat avanzaba con paso lento por el sendero que conducía a la salida de la granja, sin fijarse demasiado por donde caminaba. Estuvo a punto de tropezar con una piedra, pero no le importó. Nada parecía poder importarle en ese momento. Sólo podía centrarse en esa molesta presión, en ese brutal ahogo que sentía en su pecho, como si unas poderosas garras estuvieran aprisionando su corazón.
Aquel había sido un día especialmente duro, y no era para menos. Acababa de arrojar sus últimos cinco meses de vida, de trabajo y de esfuerzo a la basura. Puede que en el futuro se arrepintiera de lo que había hecho al abandonar las pruebas pero, en ese momento, sintiendo aún en su plenitud el efecto de lo ocurrido ayer, lo veía como algo acertado. Tenía que alejarse de cualquier cosa que le tuviera que ver con ella, que se la recordara de la más mínima y rebuscada manera. En el momento de la mayor angustia, cuando había tocado fondo apenas una hora después de recibir la herida, incluso había llegado a sentir asco por sus propias alas y a tener el deseo de arrancárselas a las bravas.
-Veo que es verdad que has venido-escuchó de repente una muy conocida voz.
-Hola-masculló a modo de saludo, viendo a una oscura unicornio de multicolorida crin, acercándose a él.
-¿No es tarde para estar de visita?-le preguntó Circe, insinuante y burlona, mientras se ponía a caminar a su lado-Creía que en esa academia de candidatos a estrellas empezabais a entrenar desde primera hora.
-Yo ya no-se limitó a responder secamente el felino.
-¿No?-la unicornio alzó una ceja, intrigada-¿Y por qué no?-él pareció dispuesto a seguir andando e ignorarla-¿Qué por qué no?-le repitió, dándole un toque en el flanco.
-Porque lo he dejado.
-¿Eh?-se sorprendió ella-¿Cómo? ¿Así, tan de repente? Pensaba que te hacía ilusión lo de llegar a ser un Wonderbolt. ¿No decías que serías el primer felino en ser aceptado en el equipo?
-Ya no me interesa-el tono, algo irritado de él, indicaba claramente que no quería hablar de ello, pero Circe no iba a dejar pasar aquella novedad así como así. Ella era su amiga, ¿si le pasaba algo, por qué no se lo contaba, por qué no le tenía confianza? Si fuera a ella, no dudaría en hablar de sus problemas con él-Mira. Simplemente no quiero hablar de ello.
-Pues acabas de pasar una hora y media en Sweet Apple-le señaló, acusadoramente-¿Qué, con Applejack si quieres hablar y conmigo no?
-No sé a qué viene eso.
-Oye…-intentó bajar su tono la unicornio-Está claro que algo ha pasado. ¿Por qué no me lo cuentas? Quizá te pueda ayudar.
-Nadie puede ayudarme. Yo me he metido en el pozo y yo debo sacarme.
-…-una sospecha encendió, de repente, una bombilla en la cabeza de Circe-Un momento, ¿no me dirás que tiene algo que ver con ella? Y no te hagas el loco-le avisó-Ni me tomes por tonta. Ambos sabemos de lo que hablo.
-…-suspiró él, mirándola por primera vez en toda aquella charla. Sus ojos estaban aún algo enrojecidos-… ¿Por qué quieres saberlo?
-Porque eres mi amigo-fue la sencilla respuesta, aunque lo que sintió a causa de su larga ausencia aquellos meses había hecho dudar a Circe sobre si esa era la palabra que podía aplicar a Cat… O la que quería aplicarle.
-Hace unos días…-empezó finalmente a hablar él después de un breve silencio-Le volví a pedir lo de… Quedar, tomar un café o algo… Y…, por una vez, me respondió afirmativamente…-Circe le miró sorprendida-Pero sólo para dejarme claro que era imposible y que lo fuera superando.
-Entiendo…-asintió ella, intuyendo el golpe que debió ser para su amigo. A ella, su presunto “enamoramiento” le había parecido siempre algo infantil y tonto, pero cuanto menos demostraba poder ser bastante demoledor-Y por eso has dejado las pruebas…
-No me interesaban realmente-le replicó él, indiferente-Sólo eran el medio para acercarme a ella…
-Es sólo una yegua entre muchas-apuntó Circe, con menos ganas en ese momento de ser tolerante con las visiones fantasiosas de Cat.
-Para mí era La Yegua… La reina, la diosa, la musa… Mi inspiración…
-Ya lo superarás…-intentó buscar algunas palabras para animarle-Algún día darás con una chica que sepa apreciar lo que vales, te…
-¡No!-le dio una contundente negativa y Circe se sorprendió de que usase un tono altivo, tan poco propio de él-Aprenderé de este error y no volveré a cometerlo.
La unicornio sintió un doloroso pinchazo en el pecho al oír aquellas palabras, pero logró ser fuerte y mantener inalterada su expresión. Miró a su amigo, que seguía avanzando cabizbajo por el camino… Era todo lo que ella quería, dulce, amable, comprensivo, tolerante… Pero él siempre había tenido sólo ojos para aquella obsesión cuya imagen, en póster y figuritas, cubría por completo su cuarto… Y ahora que había, que le habían puesto los cascos en la tierra…, se encontraba demasiado roto como para mirar a nadie más. Siguió caminando a su lado, acompañando a un desecho Cat hasta su casa. No sabía que más podía hacer…