Cuando menciono esa frase, normalmente me refiero a películas del palo Distrito 9, Avatar, Ocho apellidos vascos, cualquier sitcom, cualquier película protagonizada por Russell Crowe... Vamos, que esas pelis tiene un grupo de fans que te intenta vender la moto, ya sea por publicidad viral o por reportajes interminables.
Pero Pixar es
Pixar. Es
imposible que de Inside Out (cuya idea, si bien no es al 100% original porque se vio ya eso en un corto, es
cojonuda) salga algo malo. Salvo un par de películas mejorables (como Cars 2), la compañía tiende a contar
grandísimas historias.
Estamos hablando de una compañía que hizo esto:
Y en unas semanas saldrá esto:
Lo que acabo de enumerar no son películas de Nolan que siguen un patrón demasiado familiar ni saturadas pelis de superhéroes (recordemos que Los Increíbles salió en una época en la que no era frecuente ese género) ni documentales ni producciones bélicas ni actuaciones inexpresivas. Esto es algo que se debe pedir a gritos: Innovación tanto en estética como en calidad de narración cinematográfica. Y en eso Pixar destaca como ninguna otra. Es cierto que tiene sus contras, Monstruos University, sin contar con su final, es bastante decepcionante. Y Cars 2, sin contar con la fotográfica puesta en escena de Japón, Londres e Italia, es directamente un chiste. Y, aunque me gustó Brave, tiene una narración tan rápida como Steven Universe. Pero Inside Out no sólo ha arrasado en Cannes, sino que representa un tipo de cine que ansío por el que se vuelva recurrente: Que no se dependa de reboots o secuelas para vender, sino de una idea fresca con un acabado visual fresco, dos características comunes muy especiales en la filmografía de Pixar.