Quaver Note terminaba de ilustrar en su archivador los últimos detalles que recordaba del compañero que les había abandonado recientemente.
Cuando la travesía se cobró su vida, no hubo tiempo para despedidas, ni ceremonias. No en aquel mundo desolado.
Pero la unicornio no iba a dejar que su legado se perdiese. Su preciado archivador atesoraría su memoria... y su canción.
Justo en el momento en el que terminó de anotar la partitura, Quaver Note fue convocada por los que ahora consideraba su familia. La unicornio escuchó atentamente antes de asentir. No era una luchadora, pero como una de las pocas unicornio que quedaba, su magia y su ligera destreza con las ilusiones podía resultar útil además de para ilustrar sus narraciones.
Y no solo sus ilusiones. La unicornio había encontrado lo que parecía un viejo escudo con el emblema real de Canterlot. Puede que ella no pudiese enzarzarse en un combate cuerpo a cuerpo, pero ello no le impedía usar su escudo para proteger sus compañeros.
Por nada del mundo iba a permitir que les sucediese nada malo.














