Mensaje por Pandora » 05 Feb 2016, 20:09
Durante todo el camino hacia la fortaleza grifo la mente de Minerbat sólo tenía lugar para un pensamiento: el dolor palpitante de su mejilla. Minerbat se concentró en aquel dolor, aquel golpe que casi le hace saltar los dientes, centrándose en las zonas donde era más intenso el dolor, sabiendo de antemano que aquello le dejaría una marca casi negra en su ya de por sí oscura piel. Con el ceño fruncido miraba al frente sin ver nada, sin fijarse en el camino ni en sus captores. Sólo tenía ojos para aquel pajarraco que se había atrevido a tocarla, y tenía más que claro que aquel insensato había firmado su sentencia de muerte, que de momento tenía que ser aplazada. Lo preocupante era que Minerva permanecía igualmente callada, una simple y enorme emoción contenida dentro de ella: pánico.
Su cuaderno lo era todo para ella, toda su historia, todo su ser, ella misma. Sin el cuaderno se sentía desprotegida, insegura, a merced del control total de Minerbat. Olvidaría toda su historia, todo lo que había vivido, sus avances... Todo estaría perdido. Incluído su control sobre Minerbat.
Finalmente llegaron a la fortaleza y los encerraron a todos en la misma celda, amarrados y encadenados por el cuello. Minerbat se quedó quieta cual esfinge, como si estuviera hecha de la misma piedra que los muros que la encerraban. Se fijó en todo lo que ocurrió a continuación, en cómo un grifo le daba papel y carbón a Quaver para que escribiera y cómo se intercambiaban notas entre ellos. Aquel grifo era aliado, al parecer.
"Tenemos que salir de aquí."
"Lo sé"
"¿Estás de acuerdo?"
"Quiero mi cuaderno a cualquier precio."
La batponi vió como, a sus patas, se acercó un trozo de papel y carbón de parte de Quaver. Esbozó una suave e imperceptible sonrisa mientras, con su escueta escritura, trazaba unas letras en el papel. Después, con cuidado de no despertar la atención de los guardias, interceptó la mirada de aquel tenía más cerca, Mad Fire. Con los ojos y los cascos le indicó, en cortas señas, que lo leyera y se lo pasara al siguiente. Haciendo una bola, le dio un golpe que a simple vista parecía que lo estuviera apartando con frustración.
El papel rezaba: NO OLVIDÉIS QUIÉN ESTÁ AL MANDO.