Mensaje por McDohl » 03 Oct 2016, 23:25
Me acomodé al pegaso en el lomo mientras lo sacaba de la clínica. Parecía estable... pero se le notaba débil. Una carga, vamos.
"¿Y ahora que hago yo contigo? -medité para mis adentros- Porque si te vienes con nosotros de poco nos vas a servir. Si van por hembras ahora no vales ni de señuelo."
Hice un poco de memoria. Había estado en Baltimare hacía ya un tiempo. Quizás mis compañeros no supiesen nada, pero yo si que tenía idea de alguien que al menos podría quitarme al pegaso de encima. Alguien que optó por la vida al margen de los demás ponis llegado cierto momento y que gracias al cazurro de Bob, supe que estaba aquí. Valía la pena hacerle una visita y... ¿quién sabe? Quizás hasta consiguiese almorzar algo.
Recordaba el camino... y procuré que nadie me siguiera. Al girar por una calle, allí estaba: la alcantarilla seguía sin cerrar.
Metí al pegaso como pude por ella antes de ir yo detrás y cerrar la tapa tras de mí. Un par de giros, una escalera... y bingo.
El local era un bajo que desde la calle parecía cerrado y abandonado... pero solo unos pocos sabían que gracias a una entrada trasera seguía habitado. Y me di cuenta de ello cuando un fuerte pisar de cascos anunció la entrada de una figura encapuchada... pero equina.
-¡¿Quien va?! ¿Como has encontrado este sitio?
Me retiré la capucha al tiempo que recuperaba mi aspecto.
-Sigues siendo tan basta como recordaba, poni.
La figura encapuchada se descubrió. Seguía recogiendo su crin violeta con dos coletas y sus rasgos seguían igual de infantiles que cuando estábamos en aquel refugio. Lily Longsocks, la poni de fuerza desorbitada. Su nombre se me quedó grabado a fuego cuando casi me aplasta la cabeza con un pedrusco en una de esas veces que salíamos a buscar algo que comer, aunque yo no lo necesitase realmente. Tal era su fuerza que, a pesar de lo que implicaba, prefirió vivir al margen de sus amigos para no acabar haciéndoles daño por error. Pero ahora mismo era la mejor opción para dejar al pegaso. Mejor con ella que con otra jauría de perros. Sería un engorro tener que volverlo a rescatar.
-¡Tu! ¿Qué haces aquí? ¿A que santo vuelves ahora?
-Eh, tranquila, poni. Pensaba que te alegrarías de ver a un antiguo amigo de escuela -dije, dejando al pegaso en una especie de sofá que había en un rincón-. Da la casualidad de que mi grupo lo ha rescatado y lo ha traído hasta aquí. Está débil aun, así que no puede viajar.
La poni lo reconoció al instante. No tardó ni dos segundos en ir a su lado y observarlo con rostro de preocupación. No pasó ni un minuto hasta que el pegaso abrió los ojos y al reconocer a quién tenía delante, le dio un abrazo con las pocas fuerzas que tenía.
"Perfecto"
No creo que notasen como se me iluminaban los ojos al tiempo que la atmósfera parecía recargarse algo más de lo que ya lo estaba. Aquello me vino de lujo. Al menos ya he podido comer algo. Quizás con suerte hasta pueda condensar uno o dos cristales.