Mensaje por Pokelink » 11 Ago 2013, 16:03
- Frutas... frutas... por el amor de Celestia, ¿como puede ser que no haya frutas en un bosque como este? Si más bien parece una selva tropic... ¡UFF!
Los murmullos de Lyra fueron interrumpidos por un inesperado tropiezo. Lyra se preparó para descargar su ira contra la roca, rama o lo que fuera que le había hecho tropezar, pero su protesta murió antes de salir de sus labios al ver con qué había tropezado: un puñado de gemas habían sido dejadas en el suelo. ¡Menuda suerte! Reprimiendo un "¡squee!" de felicidad para no alertar de nuevo a los murciélagos de la fruta de su presencia, recogió las 5 gemas y usó una para volver a la sala anterior. Antes de formular el hechizo que le devolvería a la celda anterior, Lyra Pensó en quién le esperaba ahí: Old One Eye. Su mente se debatió entre las dos opciones que tenía: por un lado, podía volver fácilmente atrás gracias a que tenía gemas, pero quien sabe como reaccionaría Old One Eye. No era culpa suya que el extraño poni no le hubiera seguido, pero quizás malinterpretaría su marcha como un abandono. ¿Sería capaz de razonar con él?
Por otro lado, podía quedarse en esta celda y tratar de completar con éxito la tarea encomendada, aunque sus esfuerzos estuvieran abocados al fracaso. ¿Qué sería de ella si fallase? Nightmare Moon dijo algo sobre encerrar a los ponis estúpidos que no completasen sus desafíos cuando la encerró. Seguramente, si no volviera, Old One Eye iría a través de la puerta que ella cruzó y, con lo apegado que estaba con ella, quizás la rescataba. O quizás la dejaba ahí a su suerte por creerse abandonado.
No, no podía arriesgarse a quedarse encerrada, debía seguir libre. Aunque eso significase volver a reunirse con Old One Eye. Tras un gran suspiro, concentró su magia en una de las gemas. Ésta empezó a brillar con gran intensidad, emitiendo un ligero zumbido que se iba haciendo más agudo cada vez. Los murciélagos de la fruta, alertados por la luz y el sonido, se lanzaron sobre la, a sus ojos, presencia amenazante, pero en cuanto el primero de ellos estaba a menos de un metro de la fuente de su agitación, la zona quedó en el relativo silencio de la jungla. El único rastro que quedaba era una pequeña gema hexagonal, sin brillo alguno y con una grieta en ella de la que emanaba un fino humo púrpura.