Primero un sueño. Mucha luz. Luego nada.
Unos padres que se rindieron, una revoltosa potrilla y una gran admiración por la naturaleza. Fueron los ingredientes para desarrollar a una recluida pero feliz pegaso. Pero el destino añadió un ingrediente más a su vida: El apocalipsis.
Ambergale nunca fue muy quieta, pero tampoco ambiciosa. Una decepción para sus padres, pues tenía la aptitud de una atleta aérea, pero no su actitud. Siempre en tierra, con los animales, nunca con otros potrillos o en las nubes de su ciudad, Cloudsdale. Para colmo, parecía ser muy tonta. Una vida feliz para ella, que acabó apenas días después de que un cerezo en flor blasonara su flanco.
Al contrario que muchos, sobrevivió. Su mundo, destrozado, y ella obligada a adaptarse a él. La bella Equestria que se había acostumbrado había desaparecido, reemplazada por un lugar cruel y despiadado. Más de uno pereció a su lado. No era muy fuerte, ni muy brillante, ni podía hacer esos trucos de unicornio. Al principio intentó vivir en la intemperie, buscando, encontrando sin ser encontrada, un susurro en la eterna noche. Obligada a cazar, a empuñar armas, a aprender a ver y sentir de nuevo. Pero cada ciclo era una extenuante y constante lucha, que sólo iba a peor. Tuvo que resignarse a estar con el resto de su especie, en Pony Hope.
Era muy torpe, no se le daba bien la vida en la "civilización", y a casi nadie caía bien un pegaso taciturno. Forzada por el hambre, trató de volverse más social. Quizá en exceso. No sentía tristeza o remordimiento ante los sentimientos de los demás. No por malicia, simplemente era incapaz de sentir empatía alguna por alguien o nada. Pero podía fingir, y así hizo. Y como exploradora de Pony Hope, también aprendió algunos trucos de sus coetáneos, especialmente para el saqueo, tanto de ruinas como ponis.
Tras la caída de Pony Hope, Ambergale nunca ha pasado un superciclo con la misma familia, constantemente itinerante, buscando a alguien. Alguien a quien admirar, quizá, o simplemente a quien engañar y del que aprovecharse. En el fondo sabe que hay algo que no encaja en ella, y sufre por ello. Pero peor es mostrar su debilidad y sentimientos, conceptos que ella no es capaz de sentir de los demás y cree que no deberían ser. Por ellos los oculta bajo su gruesa capa de falsa autoestima y verborrea. A efectos prácticos, se comporta como una libertina psicópata. Sabe que se derrumbaría si alguien la hiciera daño de nuevo.
Su mente y cuerpo ansían volver a pisar fresca y verde hierba como su pelaje, y en sus peores momentos, se aferra a sus recuerdos. De una vida más sencilla, tranquila. Una vida de verdad.